Un centésimo octogésimo primer día del año

…Un centésimo octogésimo primer día del año comenzó siendo un lunes, un día de aquellos en los que no resta mas por hacer luego de un fin de semana. Aunque he de discutir que dentro de mi se guardaba la esperanza de conformar el encuentro con Sheccid y también he de admitir que eso me ponía un tanto nervioso, ya que cuando me observa y no digo solo mirar ya que existe amplia diferencia. Cuando me observa hay algo que me pone un tanto nervioso (aunque ha de ser que me descubre la timidez), sus ojos me penetran el alma como quien me descubre un sentimiento.

Quizás no sabrá el significado que tiene la paciencia, aquella paciencia que jamas se espero pero que pareció ser solo porque sí. La inesperada situación de enfrentar la competencia siempre me hizo evaluar los riesgos sobre las ganancias, aunque siempre cada punto fulminante en mi vida.

Retornando al 181 número día del año, me complace tener bien sabido que lo que deseo se comparte mutuamente en el corazón de Sheccid, ya que ella desea lo mismo y quizás un tanto más.

Coincidimos un lunes por la tarde, donde divagábamos por el lugar donde nos perdíamos en pensamientos que nos incluían, donde solo eramos Ella y yo, caminando y apreciando en silencio, esa clase que solo dos que se conquistan entienden el lenguaje del silencio.

Luego de una larga velada un Lunes 30 de Junio visite su vehículo rumbo a paraíso, donde la idea desde hace mucho se había incrustado en nuestras mentes, ese momento que solos quisimos memorar. Ninguno quiso mediar palabra, nos observamos unos minutos como queriendo decir (aunque mas bien hacer) una propuesta. Me miro con sus ojos que me penetraban el alma, esa descripción antes mencionada, sus ojos que descubrieron mi timidez, pero que aún así, querían comerse el mundo (más bien a ella). Reuní el coraje que siempre me falto, pero que la intensidad del momento me pudo dar, solo así pude descifrar la estructura de sus deseos, donde mis dedos se deslizaban en su espalda y mis caricias abrazaban su rostro, donde al fin pude coincidir con sus labios y los míos, plasmándose un beso con deseo de nunca acabar, ya el resto fue acabado por la prisa de  los asuntos que no podíamos controlar.

Con presunta firmeza asumo que un día lunes, ya marcado con etiqueta de simpleza, cambio su descripción por un tono mas vivo, o siendo más honestos y cercanos a la realidad, solo será un par de lunes para recordar gracias al medio de destino paraíso con la princesa Sheccid al mando.

 

 

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