Dichosos los que contemplan tu gloria

Hubo momentos en los que todo se logra ver gris, así como aquel momento en los que ves que todo lo trazado no funciona y te preguntas en ¿Donde habrá comenzado todo a desmoronarse?.

Algo ha fallado, ese algo estaba fuera de mi comprensión, alguna razón no cedía a mi entendimiento. Pero como la función de lo especial, aquello que no sucede en lo llamado tradicional, aquello que se aparece como el amor a tu vida.

Al final de todo, algo pudo salvar aquella noche desesperada por acabar, más que algo fueron unas palabras y más que palabras, provenían de alguien especial.

Las palabras fueron dulces para curar aquella herida de la mañana, sonaba algo así:

“Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé.” Josué 1:5

 

Aunque se parecía mucho a algo como esto: 

 

“Yo soy quien te manda que tengas valor y firmeza. No tengas miedo ni te desanimes porque yo, tu Señor y Dios, estaré contigo dondequiera que vayas.” Josué 1:9

Cualquier palabra tan dulce como estas, cura cualquier herida de la mañana, lo he comprobado y me gusta meditar en ello.

 

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